Tercer Domingo de Adviento - 14 de diciembre 2025

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Vela: Rosada

El color rosado simboliza la alegría. Este domingo, conocido como "Gaudete", nos recuerda la cercanía de la llegada de Cristo y nos llena de gozo.

Iniciamos

Guía: Señor Dios, bendice con tu poder nuestra corona de adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos. 

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

La bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.
Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.

Amén.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.

Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis.

He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios.

Viene en persona y os salvará».

Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo.

Retornan los rescatados del Señor.

Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.

Los dominan el gozo y la alegría.

Quedan atrás la pena y la aflicción.

Salmo

Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10 R/. Ven, Señor, a salvarnos
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10
Hermanos: esperad con paciencia hasta la venida del Señor.

Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.

Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 2-11
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

Reflexion

Este pasaje presenta a san Juan Bautista en un momento de profunda prueba. Desde la cárcel envía a preguntar a Jesús si Él es el Mesías. Esta escena muestra algo muy humano. Incluso un gran profeta puede experimentar incertidumbre y oscuridad interior. Los santos han señalado que la fe también se vive en medio de preguntas.

Jesús responde de un modo lleno de ternura. No se limita a decir sí, sino que invita a contemplar las obras que manifiestan la presencia del Reino. Los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Esta respuesta recuerda que el Mesías se reconoce por la misericordia que transforma la vida de quienes sufren.

San Juan Pablo II comentaba que estas obras de Jesús revelan el corazón del Padre que escucha a los pequeños y levanta a los que están heridos. Santa Teresa de Lisieux veía en estas palabras un consuelo especial para quienes atraviesan dudas, porque Jesús no rechaza la fragilidad humana, sino que la ilumina.

Luego Jesús alaba a Juan. Dice que entre los nacidos de mujer no ha surgido uno mayor que él, aunque añade que el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor. Con ello Cristo enseña que la grandeza verdadera no proviene de los logros sino de la comunión con Él. La santidad comienza cuando uno se deja amar por Dios y se abre a su gracia.

Este Evangelio invita a tres cosas sencillas.

  1. Primera. Presentar a Jesús las dudas y heridas del corazón sin miedo porque Él responde con paciencia.
  2. Segunda. Mirar sus obras en la propia vida al recordar los momentos en que su gracia ha dado luz y fuerza.
  3. Tercera. Vivir la humildad que caracteriza a los hijos del Reino mediante la oración, el perdón y la caridad diaria.
Encendamos la luz. Mientras está la luz encendida, el guía realiza una pregunta a los participantes para que puedan meditarla y compartir con sus propias palabras:
"Cuando la gente le preguntó a Juan Bautista '¿Qué debemos hacer?', él respondió con acciones concretas de solidaridad, justicia y honestidad. Hoy, en nuestra vida cotidiana, ¿qué acciones concretas podemos emprender para demostrar nuestra conversión y preparar el camino del Señor?"
Esta pregunta los invita a conectar el mensaje del Evangelio con su realidad, identificando maneras prácticas de vivir la fe en su entorno. También abre un espacio para compartir ideas, desafíos y compromisos como comunidad.

Al concluir todas, procedemos a decir:


Guía: Ven, Señor, haz resplandecer tu rostro sobre nosotros.
Todos: Y seremos salvos. Amén.

PARA ESTUDIAR DURANTE LA SEMANA

El Árbol del regalo de la esperanza es una oportunidad para invitar a niños y familias a considerar los regalos que la Sagrada Familia podría haber necesitado cuando María dio a luz a Jesús en un pesebre, y cómo estos regalos se comparan con lo que las personas que viven en la pobreza pueden necesitar.  Esta semana invoquemos todos los días al Espíritu Santo. 

Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad del cristianismo. El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y del Hijo (primera y segunda persona de la Santísima Trinidad) pero posee con ellos una misma naturaleza y esencia divina. Jesucristo envió el Espíritu Santo para santificar nuestras almas y asistir a su Santa Iglesia.

POSTERIOR

Se puede ofrecer una breve, humilde pero especial refacción, acompañada con música de la época. Compartimos una hermosa selección para la época en Spotify.




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