La Sangre Derramada para el Perdón de Nuestros Pecados
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Vivimos en un mundo donde todo parece tener un precio. Si rompemos algo, lo pagamos. Si queremos estudiar, pagamos. Si enfermamos, buscamos el mejor tratamiento que podamos costear.
Pero existe una deuda que ningún ser humano puede pagar con dinero: la deuda del pecado.
Muchas personas intentan pagarla siendo buenas, haciendo obras sociales, practicando una religión o simplemente pensando que "el tiempo borra todo". Sin embargo, la conciencia sigue recordándonos nuestras faltas.
La gran pregunta es:
¿Quién puede pagar una deuda espiritual que supera todas nuestras posibilidades?
La respuesta la da Cristo.
- No con oro.
- No con plata.
- No con poder.
La pagó con su propia Sangre.
Como dice San Pedro:
"Fuisteis rescatados... no con oro ni plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo." (1 Pedro 1:18 al 19)
Lectura del Evangelio
San Mateo 26:27 al 28
"Tomó luego un cáliz y, dadas las gracias, se lo dio diciendo: Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre de la alianza, que será derramada por muchos para el perdón de los pecados."
Aquí Jesús todavía no ha llegado al Calvario.
Sin embargo, ya entrega anticipadamente el fruto de la Cruz en la Última Cena.
La Eucaristía y el sacrificio del Calvario forman un solo misterio.
Mateo 26:27
"Tomó un cáliz..."
En la Pascua judía existían varias copas rituales. Jesús toma la copa y cambia completamente su significado. Ya no habla solamente de la liberación de Egipto. Habla de una nueva liberación. La del pecado.
"Esta es mi sangre"
No dice:
- "Representa"
- "No simboliza"
Dice:
"Esta es."
La Iglesia Católica siempre ha entendido estas palabras literalmente, fundamento de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.
"Sangre de la Alianza" Aquí Jesús recuerda Éxodo 24. Moisés rocía al pueblo con sangre diciendo: "Esta es la sangre de la alianza."
Ahora Jesús establece una alianza nueva y eterna.
Ya no con sangre de animales.
Con su propia Sangre.
Como anuncia Jeremías 31.
"Derramada por muchos" No significa que Cristo murió solamente por algunos. En el lenguaje bíblico "muchos" significa una multitud inmensa.
Cristo murió por todos.
Pero el perdón debe ser acogido libremente.
"Para el perdón de los pecados"
Éste es el propósito central.
Jesús no derramó su sangre solamente para darnos ejemplo.
La derramó para salvarnos.
El pecado separa.
La Sangre reconcilia.
1 Pedro 1:18 al 19. San Pedro utiliza la imagen del rescate. En el mundo romano un esclavo podía ser liberado pagando un precio.
Pedro afirma:
El precio de nuestra libertad fue Cristo.
No fue un pago hecho al demonio.
Fue el precio del amor infinito de Dios.
La palabra "preciosa" significa de valor infinito.
Porque pertenece al Hijo de Dios.
¿Qué significa este texto para nosotros hoy?
Vivimos una época donde el pecado ha perdido gravedad. Muchos dicen:
- "No hago daño a nadie."
- "Todos lo hacen."
- "Dios entiende."
Pero la Cruz demuestra lo contrario. Si el pecado pudiera resolverse fácilmente, Cristo no habría tenido que derramar su Sangre. Cada gota de su Sangre revela dos cosas.
- La gravedad del pecado.
- Y la inmensidad del amor de Dios.
Catecismo de la Iglesia Católica
Que dice el catecismo sobre la sangre preciosa de Cristo.
CIC 613
La muerte de Cristo es el sacrificio pascual que realiza la redención definitiva de los hombres.
CIC 1367
El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio.
CIC 1992
La justificación nos ha sido merecida por la Pasión de Cristo, que se ofreció en la Cruz como víctima viva, santa y agradable a Dios, y cuya sangre ha llegado a ser instrumento de expiación por los pecados de todos los hombres.
CIC 1422
Cristo instituyó el Sacramento de la Penitencia para el perdón de los pecados cometidos después del Bautismo.
Un santo que habla de este tema
Santa Catalina de Siena
Tenía una profunda devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo. En sus cartas y en su obra El Diálogo vuelve una y otra vez a este misterio.
Escribe:
"En la Sangre de Cristo encontramos el fuego de la caridad divina."
Para ella, la Sangre de Cristo no era solamente un recuerdo de la Pasión, sino la fuente de la vida nueva, de la misericordia y de la reconciliación con Dios.
También enseñaba que nadie debe desesperar de la misericordia divina, porque la Sangre de Cristo fue derramada por la salvación de los pecadores.
Imagina un niño que rompe accidentalmente un objeto muy valioso en una tienda. El dueño exige el pago, pero la familia no tiene cómo cubrir el costo. Entonces aparece una persona que conoce al niño, saca su propia cartera y paga toda la deuda. El niño sale libre, no porque la deuda haya desaparecido, sino porque alguien la asumió por amor.
Así hizo Cristo con nosotros. Nuestra deuda no fue ignorada. Fue asumida y pagada por Él con el precio más alto: su propia Sangre.
Hoy Cristo vuelve a decir:
"Esta es mi Sangre, derramada para el perdón de los pecados."
La pregunta no es si esa Sangre tiene poder.
Lo tiene.
La pregunta es:
¿Permitiré que esa Sangre transforme mi vida?
- Quizá hace tiempo no te confiesas.
- Quizá cargas culpas que nadie conoce.
- Quizá has pensado que Dios ya no puede perdonarte.
Mira la Cruz.
La Sangre de Cristo habla más fuerte que tu pecado.
Hoy es un buen día para volver al Padre.
Acércate al sacramento de la Reconciliación, participa de la Santa Misa con fe y recibe a Cristo con un corazón dispuesto a la conversión. La Sangre que brotó del costado abierto del Señor sigue siendo fuente de perdón, de sanación espiritual y de vida nueva para quienes se acercan a Él con humildad y confianza.
Oración final
Señor Jesús, te damos gracias porque nos amaste hasta el extremo y derramaste tu Preciosísima Sangre para el perdón de nuestros pecados. Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe y concédenos la gracia de vivir como hijos reconciliados con el Padre. Haz que nunca olvidemos el precio de nuestra redención y que respondamos a tu amor con una vida santa, alimentada por la Eucaristía, sostenida por la confesión y llena de caridad hacia nuestros hermanos. Amén.
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