¿Por qué parece que Dios prefiere a algunas personas?

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Es una pregunta que muchos creyentes se han hecho alguna vez. ¿Por qué algunas personas parecen recibir tantas bendiciones mientras otras atraviesan enfermedades, pérdidas, dificultades económicas o sufrimientos constantes? ¿Acaso Dios tiene favoritos?

La respuesta de la fe cristiana es clara: Dios ama a todos por igual, pero llama a cada persona a un camino distinto.

Dios no hace acepción de personas

La Sagrada Escritura afirma:

"Dios no hace distinción de personas."

(Hechos 10,34)


El amor de Dios no depende de nuestra riqueza, éxito, inteligencia o posición social. Cristo murió por todos y desea la salvación de toda la humanidad.

Cada persona es infinitamente valiosa ante los ojos de Dios.

Entonces, ¿por qué algunos parecen recibir más?


Muchas veces confundimos las bendiciones con el bienestar material.

Pensamos que quien tiene salud, dinero o una familia estable es el más bendecido. Sin embargo, la Biblia muestra una realidad muy distinta.

  • Abraham fue probado.
  • José fue vendido por sus hermanos.
  • Moisés pasó cuarenta años en el desierto.
  • Job perdió prácticamente todo.
  • Los apóstoles fueron perseguidos.
  • Y Jesucristo, el Hijo de Dios, murió en la cruz.

Si el sufrimiento fuera señal del abandono de Dios, ninguno de ellos habría sido amado.

Cada vocación es distinta


Dios tiene un plan único para cada persona.

  • A unos les concede la vocación al matrimonio.
  • A otros, el sacerdocio o la vida consagrada.
  • Algunos reciben el don de enseñar.
  • Otros, el de servir.
  • Otros son llamados a evangelizar desde el silencio, la enfermedad o el sacrificio cotidiano.


No todos recorremos el mismo camino, pero todos somos llamados a la santidad.

La cruz también puede ser una gracia

Esta es quizá una de las enseñanzas más difíciles del cristianismo.

No todo sufrimiento proviene directamente de Dios, pero Él puede sacar un bien incluso de las pruebas más dolorosas.

San Pablo escribió:

"Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman."

(Romanos 8,28)


Muchos santos descubrieron que precisamente en el dolor encontraron una unión más profunda con Cristo.

Dios llama de manera especial, pero ama por igual

En la Biblia encontramos personas elegidas para misiones específicas: Abraham, Moisés, María, Pedro o Pablo.

No fueron elegidos porque Dios quisiera más a unos que a otros, sino porque les confió una misión concreta para el bien de todos.

Ser elegido no significa tener una vida más fácil. En la mayoría de los casos significó asumir mayores responsabilidades, sacrificios y pruebas.

Evitemos compararnos

Uno de los mayores peligros para la vida espiritual es compararnos constantemente con los demás.

Jesús mismo respondió a Pedro cuando este quiso saber cuál sería el destino del discípulo amado:

"¿Y a ti qué? Tú sígueme."

(Juan 21,22)

La invitación del Señor es mirar nuestra propia vocación y responder con fidelidad, sin vivir pendientes de la vida de los demás.

El mayor regalo ya nos fue dado

A veces pedimos milagros extraordinarios y olvidamos el don más grande que Dios nos ha concedido: su propio Hijo.

Nos ha regalado la fe, la Iglesia, los sacramentos, la Eucaristía, el perdón en la confesión y la esperanza de la vida eterna.

No existe muestra de amor mayor.

Una invitación a confiar

Quizá no siempre entendamos por qué Dios permite ciertas situaciones en nuestra vida. Sin embargo, la fe nos enseña que el Señor nunca abandona a sus hijos y que su amor permanece incluso cuando no comprendemos sus caminos.

Como decía Santa Teresa de Jesús:

"Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta."


Que aprendamos a confiar en el Señor, sabiendo que su amor no se mide por la ausencia de dificultades, sino por su presencia constante a nuestro lado. Porque Dios no tiene favoritos: tiene hijos, y ama profundamente a cada uno de ellos.

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