Esta es una entrevista a Sor Marta, religiosa ingresó al monasterio a los 18 años y sostiene que internet también puede convertirse en un espacio para anunciar la fe. La entrevista se ha realizado a pocos días de estrenar la película Los Domingos, una película que relata la historia de Ainara, una joven de 17 años, estudiante ejemplar y huérfana de madre, cuya vida da un giro inesperado cuando comunica a su familia que desea ingresar a un convento de clausura.
La noticia provoca reacciones muy distintas entre sus seres queridos. Su padre intenta afrontar la situación con cierta distancia, mientras que una de sus tías considera que la Iglesia está influyendo indebidamente en la decisión de la joven. A partir de ese momento, la película explora las tensiones familiares, los miedos, las dudas y los cuestionamientos que surgen cuando alguien decide responder a una llamada que parece incomprensible para los demás.
En una época en la que muchos jóvenes se preguntan qué estudiar, qué profesión elegir o qué hacer con su futuro, existen también quienes descubren una llamada distinta. Ese fue el caso de Sor Marta, una religiosa benedictina que comenzó a plantearse la vida monástica cuando tenía apenas 16 años.
Su historia fue compartida durante una entrevista realizada en el Monasterio de Santa Cruz, en León, España, tomando como punto de partida la película Los Domingos, que aborda el despertar vocacional de una adolescente de 17 años.
La experiencia de Sor Marta guarda algunas semejanzas con la historia planteada por la película. Proveniente de una familia católica practicante, nunca había descartado completamente ninguna vocación. Sin embargo, fue durante unas vacaciones familiares cuando comenzó a preguntarse seriamente qué quería Dios para su vida.
Una visita que cambió sus planes
Durante un viaje a Navarra, su familia visitó el Monasterio de Leyre. Allí ocurrió algo que Sor Marta todavía recuerda como decisivo.
En aquel lugar sintió que aquella forma de vida podía contener aquello que estaba buscando. Después encontró una pequeña edición de la Regla de San Benito, la compró y comenzó a leerla.
Así conoció con mayor profundidad cómo viven los monjes y las monjas benedictinas.
Aquella inquietud no significó que tomara inmediatamente una decisión. Comenzó un proceso de búsqueda, oración y discernimiento. Investigó sobre los monasterios benedictinos existentes en España y mantuvo contacto con una comunidad.
Meses después comunicó a sus padres lo que estaba considerando.
La vocación necesita discernimiento
Uno de los aspectos que Sor Marta procura aclarar es que ingresar a la vida religiosa no significa tomar una decisión irreversible de un día para otro.
Antes de entrar al monasterio pasó aproximadamente dos años de aspirantado, mientras continuaba estudiando el bachillerato. Visitó varias veces la comunidad y mantuvo conversaciones frecuentes con la responsable del monasterio.
Posteriormente ingresó a los 18 años.
Según explica, la formación dentro del monasterio puede extenderse durante varios años. Es un proceso en el que tanto la joven como la comunidad procuran discernir si existe verdaderamente una vocación.
La religiosa reconoce además que las familias pueden experimentar temor cuando una hija manifiesta deseos de consagrarse.
Incluso dentro de hogares católicos practicantes pueden aparecer preguntas sobre los estudios, la familia, las oportunidades que podría dejar atrás y las consecuencias de una decisión de este tipo.
Una monja también sigue siendo hija, hermana y amiga
Otro de los prejuicios que aborda la entrevista es la idea de que entrar a un monasterio significa desaparecer completamente de la vida familiar.
Sor Marta explica que en su comunidad las religiosas mantienen comunicación con sus familiares. Los domingos, cuando cuentan con mayor tiempo disponible, suelen hablar con ellos y también pueden mantener determinados contactos mediante el teléfono.
La vida religiosa tampoco elimina las dificultades ordinarias.
Las religiosas enfrentan responsabilidades económicas, laborales, familiares y comunitarias. También experimentan preocupaciones y deben aprender a convivir con otras personas.
Para Sor Marta, el monasterio no representa una huida de los problemas del mundo.
¿Cómo transcurre un día dentro del monasterio?
La jornada comienza alrededor de las seis de la mañana.
La oración ocupa un lugar esencial. Las religiosas celebran diferentes momentos de la Liturgia de las Horas, tienen espacios de oración personal y participan en la Eucaristía.
Después comienza el trabajo.
Entre sus actividades se encuentran la elaboración de dulces y productos de cosmética, la formación, la música y el cuidado de las hermanas enfermas.
También dedican tiempo al estudio y a la lectura espiritual.
Sor Marta explica que la formación continúa después del ingreso al monasterio. Entre las materias que pueden estudiar se encuentran los salmos, la liturgia, el derecho canónico y la psicología. Ella misma estudió Ciencias Religiosas después de haber ingresado.
“Internet es una tierra de misión”
Pero existe otro aspecto particular en la vida de Sor Marta.
Desde hace varios años utiliza las redes sociales y se presenta como misionera digital.
Para ella, la presencia de los católicos en internet tiene una clara dimensión evangelizadora.
“Internet es una tierra de misión”.
Las redes permiten hablar de una enorme cantidad de asuntos y la fe también puede estar presente en esas conversaciones.
Esto implica aprender a comunicar el Evangelio utilizando un lenguaje comprensible para quienes habitan estos espacios digitales, especialmente los jóvenes.
Su experiencia muestra que la clausura y la comunicación digital no necesariamente tienen que contemplarse como realidades incompatibles cuando se viven de acuerdo con las responsabilidades propias de la vocación religiosa.
La oración como encuentro con Dios
Durante la conversación surge también una pregunta que muchas personas se han hecho alguna vez: ¿cómo se habla con Dios?
Sor Marta responde desde su propia experiencia. La oración puede realizarse hablando con Dios como se habla con un amigo, utilizando palabras propias o recurriendo a oraciones que la Iglesia y la tradición cristiana han transmitido.
El discernimiento requiere oración, pero también acción.
No consiste simplemente en esperar pasivamente una respuesta. La persona debe buscar, preguntar, actuar y aprender a reconocer que no todo depende exclusivamente de ella.
Una vocación que interpela a los jóvenes
La historia de Sor Marta recuerda que la pregunta por la vocación continúa teniendo sentido en pleno siglo XXI.
Mientras muchos jóvenes buscan su lugar en medio de numerosas posibilidades, la Iglesia continúa proponiendo una pregunta mucho más profunda:
¿Qué quiere Dios de mí?
La respuesta no siempre llega inmediatamente.
Puede requerir silencio, oración, acompañamiento, formación y tiempo. Precisamente por ello, el discernimiento vocacional no debería estar dominado ni por la presión para ingresar a la vida religiosa ni por la presión para rechazarla.
La experiencia de Sor Marta muestra a una joven que se permitió formular aquella pregunta y dedicar tiempo a buscar una respuesta.
Hoy, once años después de su ingreso al monasterio, su vida transcurre entre la oración, el trabajo, la comunidad, la formación y una realidad que hace algunas décadas habría resultado difícil imaginar dentro de un monasterio: la evangelización a través de internet.
En medio del ruido de las redes sociales, Sor Marta ha encontrado también allí un lugar para hablar de Dios.
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