¿Lo que decimos refleja lo que llevamos en el corazón? Una mirada cristiana al poder de las palabras

Print Friendly and PDF

🎧 Escucha este artículo usando la función de audio de Chrome:

  1. Haz clic derecho en cualquier parte del texto
  2. Selecciona "Leer en voz alta"
  3. Si necesitas ayuda click aqui

 

Insultos como “estúpido” o “imbécil” pueden revelar enojo, desprecio o heridas interiores, pero la fe católica invita a evitar juicios sobre el alma de una persona y a examinar, primero, los frutos de sus palabras

Las palabras pueden levantar a una persona, devolverle esperanza y hacerla sentir amada. Pero también pueden humillar, dividir y dejar heridas que permanecen durante mucho tiempo.

¿Qué sucede entonces cuando alguien utiliza frecuentemente expresiones ofensivas como “estúpido”, “imbécil” u otras semejantes? ¿Podemos decir que su manera de hablar refleja aquello que existe en su alma?

La Sagrada Escritura ofrece una reflexión especialmente profunda sobre la relación entre nuestras palabras y nuestro interior.

Jesús afirma:

«De lo que rebosa el corazón habla la boca» (Mt 12, 34).


Esto significa que aquello que expresamos puede revelar algo de lo que estamos alimentando interiormente.


Las palabras pueden revelar lo que ocurre dentro

Una persona que constantemente responde con insultos puede estar manifestando ira, resentimiento, desprecio, frustración o falta de dominio propio.

Sin embargo, desde una perspectiva cristiana, sería equivocado concluir inmediatamente que esa persona tiene un “alma mala”.

Una palabra pronunciada durante un momento de enojo no define completamente a un ser humano. Todos podemos equivocarnos, perder la paciencia y posteriormente reconocer nuestra falta.

Además, solo Dios conoce plenamente el corazón humano.

El cristiano está llamado a discernir las acciones sin apropiarse del juicio que corresponde únicamente al Señor sobre la conciencia de otra persona.

Cuando el insulto se convierte en costumbre

La situación merece mayor atención cuando no se trata de una expresión aislada, sino de una manera habitual de relacionarse.

Si una persona utiliza constantemente palabras para ridiculizar, despreciar, intimidar o humillar, existe un comportamiento que necesita ser reconocido y corregido.

San Pablo ofrece un criterio muy concreto:

«No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar» (Ef 4, 29).

El cristiano no está llamado simplemente a evitar determinadas palabras. Está llamado a utilizar el don de la palabra para edificar al prójimo.

Corregir no significa humillar

También debemos distinguir entre señalar una conducta equivocada y atacar la dignidad de una persona.

No es lo mismo decir:

“Lo que hiciste estuvo mal”

que afirmar:

“Eres un estúpido”.


La primera expresión juzga una acción concreta. La segunda coloca una etiqueta sobre la persona.

La corrección forma parte de las relaciones humanas y también de la vida cristiana, pero debe realizarse buscando el bien del otro y respetando siempre su dignidad como persona creada a imagen de Dios.

Jesús nos invita a mirar los frutos

Cristo ofrece otro criterio que puede ayudarnos a discernir:

«Por sus frutos los conocerán» (Mt 7, 16).

Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente si las palabras reflejan el alma de quien las pronuncia.

Podríamos preguntarnos:

  • ¿Qué frutos están produciendo esas palabras?
  • ¿Generan paz o miedo?
  • ¿Ayudan a corregir o solamente humillan?
  • ¿Buscan reconciliar o dividir?
  • ¿Construyen al prójimo o destruyen su autoestima?

Cuando una manera habitual de hablar produce desprecio, heridas y división, existe algo que necesita conversión.

Un examen también para nosotros

Es fácil reconocer las palabras hirientes cuando proceden de otra persona. Más difícil resulta observar nuestra propia manera de hablar.

  • ¿Cómo tratamos a nuestra familia cuando estamos cansados?
  • ¿Cómo hablamos de alguien que nos ha hecho daño?
  • ¿Qué escribimos cuando discutimos en las redes sociales?
  • ¿Cómo reaccionamos cuando alguien piensa diferente?

La vida cristiana también se manifiesta en estas pequeñas decisiones cotidianas.

Antes de preguntarnos qué revela el lenguaje de otra persona acerca de su corazón, podemos preguntarnos:

¿Qué están diciendo mis propias palabras acerca del mío?


Pidamos al Señor aprender a hablar con verdad, pero también con caridad.

🙏 Señor Jesús, purifica nuestro corazón para que también nuestras palabras sean limpias. Danos dominio propio cuando llegue el enojo, humildad para pedir perdón cuando lastimemos y sabiduría para utilizar nuestra voz para edificar y no para destruir. Amén.

Suscribite para recibir las noticias diarias de Biencatolicos.com

Usted esta leyendo este articulo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelizacion, que se llama Bien Catolicos. Como usted puede imaginar, en nuestro trabajo se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelizacion para cada persona, sin importar el pais en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su ofrenda, lleva solo un minuto.

🕊️ Ofrendar ahora
🕊️ Ofrendar ahora