Camino a los altares: ¿cómo es el proceso de beatificación en la Iglesia Católica?
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Cuando la Iglesia Católica reconoce públicamente la santidad de una persona, no lo hace de manera apresurada ni emotiva. Detrás de cada beatificación existe un proceso largo, riguroso y profundamente espiritual, cuyo objetivo principal es discernir si esa vida fue un verdadero testimonio del Evangelio, digno de ser propuesto como ejemplo para todo el Pueblo de Dios.
El reciente reconocimiento del martirio del fraile guatemalteco Fray Augusto Ramírez Monasterio ha vuelto a poner en el centro la pregunta: ¿cómo funciona realmente el proceso de beatificación?
1. El inicio: fama de santidad o de martirio
Todo proceso comienza en el ámbito local, generalmente años después de la muerte del candidato. Es indispensable que exista una fama constante de santidad, es decir, que el pueblo fiel reconozca espontáneamente en esa persona una vida ejemplar, o bien una fama de martirio, cuando alguien ha muerto por odio a la fe (odium fidei).
En el caso de Fray Augusto, desde su asesinato en 1983, miles de personas comenzaron a reconocerlo como mártir del secreto de confesión, difundiendo testimonios de su fidelidad, valentía y amor pastoral.
2. Siervo de Dios: apertura de la causa
Cuando el obispo de la diócesis donde murió el candidato considera que existen fundamentos sólidos, solicita a la Santa Sede el permiso para abrir la causa. A partir de ese momento, la persona recibe el título de Siervo de Dios.
Se inicia entonces una investigación diocesana, en la que se recopilan:
Testimonios de testigos directos
Escritos, homilías y documentos personales
Circunstancias detalladas de su vida y muerte
Todo este material se envía posteriormente al Vaticano.
3. La fase romana: estudio en el Vaticano
El expediente completo llega al Dicasterio para las Causas de los Santos, donde teólogos, historiadores y canonistas analizan minuciosamente la información.
Aquí se evalúa si la persona vivió:
Las virtudes cristianas en grado heroico, o
El martirio, es decir, haber dado la vida por Cristo, por la fe o por una virtud cristiana esencial.
En el caso de los mártires, como Fray Augusto Ramírez Monasterio, la Iglesia debe comprobar que la muerte fue consecuencia directa del odio a la fe y que la víctima aceptó el sufrimiento con espíritu cristiano, sin renegar de Cristo.
4. Venerable o mártir: el decreto pontificio
Si el juicio es positivo, el Papa autoriza la promulgación de un decreto:
Decreto de virtudes heroicas → la persona es declarada Venerable.
Decreto de martirio → se reconoce oficialmente que murió como mártir.
Este paso es decisivo. En el caso de Fray Augusto, el Papa León XIV firmó el decreto reconociendo su martirio, lo que dispensa la necesidad de un milagro para su beatificación.
5. La beatificación
Con el decreto aprobado, se puede fijar la ceremonia de beatificación, que normalmente se celebra en el país de origen del nuevo beato.
Desde ese momento, la persona es llamada Beato y puede recibir culto público limitado, generalmente en su diócesis, orden religiosa o nación.
Para los mártires, la beatificación es vista como un reconocimiento solemne de que su sangre fue semilla de fe para la Iglesia.
6. ¿Y la canonización?
Para que un beato sea declarado santo, normalmente se requiere un milagro atribuido a su intercesión, ocurrido después de la beatificación y comprobado científicamente y teológicamente.
Sin embargo, la canonización no “añade” santidad, sino que extiende el culto a toda la Iglesia universal, proponiendo al santo como modelo para todos los fieles del mundo.
Un camino de discernimiento y esperanza
El proceso de beatificación no es un homenaje humano ni un acto político. Es, ante todo, un acto de fe de la Iglesia, que reconoce cómo Dios actúa en la historia concreta, incluso en medio del dolor, la violencia y la persecución.
La vida y el martirio de Fray Augusto Ramírez Monasterio recuerdan que la santidad no es lejana ni idealizada, sino que se vive en la fidelidad cotidiana, en el servicio y, en algunos casos, en el don total de la vida.
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